La hotelería pampeana atraviesa una fuerte crisis, con baja ocupación, cierres y reclamos por alivio fiscal y controles a la competencia informal.
La actividad hotelera y gastronómica de La Pampa atraviesa un escenario cada vez más preocupante. Desde la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA) señalaron que las vacaciones de invierno no lograron generar el movimiento esperado y que la ocupación continúa en niveles muy bajos, comprometiendo la continuidad de numerosos establecimientos.
La crisis ya dejó consecuencias visibles: algunos hoteles cerraron definitivamente, mientras otros optaron por reconvertir sus instalaciones hacia actividades más rentables para intentar sobrevivir. Ante este panorama, el sector reclama la declaración de la emergencia, alivio impositivo y medidas urgentes que permitan sostener el empleo y evitar nuevos cierres.
Uno de los principales reclamos apunta a los alquileres temporarios que operan sin habilitación ni controles. Los empresarios sostienen que esta modalidad representa una competencia desleal, ya que no afronta las mismas obligaciones fiscales, laborales y de seguridad que deben cumplir los hoteles habilitados.
En gastronomía el panorama es algo menos complejo gracias a la incorporación de nuevas propuestas comerciales que lograron atraer parte del público. Sin embargo, el consumo continúa deprimido y la recuperación todavía aparece lejana para un sector que sigue trabajando con márgenes mínimos.
Cuando los hoteles cierran sus puertas no solo desaparecen empresas: también se pierden empleos, inversiones y oportunidades para el desarrollo turístico de toda una provincia. La crisis ya dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad difícil de ocultar.
Mientras el Estado recauda impuestos de quienes cumplen con todas las reglas, el crecimiento de la informalidad sigue generando una competencia desigual. Sin políticas concretas, el riesgo es que cada temporada encuentre menos hoteles abiertos y más persianas bajas.
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