Una joven perdió completamente la audición y necesita implantes cocleares urgentes. La comunidad impulsa una campaña solidaria para ayudarla.
Con apenas 29 años, Maira Zalazar atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida. Tras perder por completo la audición debido al avance del Síndrome de Usher, necesita someterse de manera urgente a una cirugía con implantes cocleares, la única alternativa que le permitiría volver a escuchar.
El problema es económico. Cada implante tiene un costo millonario y el tratamiento completo supera ampliamente las posibilidades de la familia. Mientras el tiempo avanza y las recomendaciones médicas exigen una intervención rápida para evitar daños irreversibles, la cobertura de la obra social continúa demorada, lo que obligó a iniciar acciones judiciales.
No es la primera vez que Maira debe apelar a la solidaridad. Hace cinco años, vecinos y amigos organizaron rifas y distintas campañas para ayudarla a afrontar otro tratamiento que tampoco fue cubierto. Hoy la historia vuelve a repetirse, aunque con un desafío económico mucho mayor.
Familiares y allegados impulsan una nueva colecta para reunir el dinero destinado a estudios médicos, gastos legales y la adquisición de los implantes. La joven pidió el acompañamiento de la comunidad y aseguró que cualquier aporte representa un paso más hacia la posibilidad de recuperar uno de los sentidos más importantes para su vida.
Cuando una persona debe salir a pedir ayuda para acceder a un tratamiento indispensable, la solidaridad emociona, pero también deja al descubierto las fallas de un sistema que muchas veces llega tarde. La salud no debería depender de rifas, colectas ni campañas en redes sociales.
Mientras los expedientes avanzan al ritmo de la burocracia, el reloj biológico no espera. Y en casos como este, cada día perdido puede significar una oportunidad menos para recuperar la calidad de vida.
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