Universidades acordaron una suba salarial del 24%, pero advierten que solo cubre una parte de la pérdida acumulada.
Las universidades nacionales alcanzaron un acuerdo con el Gobierno nacional para otorgar una recomposición salarial del 24,33% a docentes y no docentes. La medida se aplicará en dos tramos: un 21,33% que impactará en los salarios de junio y un 3% adicional previsto para octubre.
El entendimiento fue firmado por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que reúne a las casas de estudio públicas del país, luego de meses de reclamos por la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro presupuestario del sistema universitario. En La Pampa, según explicó Oscar Alpa, la mejora salarial implicará una inyección cercana a los mil millones de pesos en concepto de salarios.
No obstante, desde las universidades aclararon que el acuerdo está lejos de resolver el conflicto. Alpa sostuvo que la recomposición cubre apenas entre un tercio y la mitad de los reclamos planteados por el sector, que incluyen además financiamiento para funcionamiento, hospitales universitarios y becas estudiantiles.
Como parte del entendimiento, también se acordó reabrir la discusión salarial dentro de tres meses para analizar el impacto de la inflación y evaluar nuevas actualizaciones. Mientras tanto, los gremios docentes y no docentes ratificaron el acuerdo en las respectivas mesas paritarias.
A pesar del avance en la negociación, el reclamo judicial impulsado por las universidades continuará vigente. El CIN ratificó que no retirará la demanda hasta que exista una solución integral para el financiamiento universitario.
Después de años de ajuste, movilizaciones y marchas multitudinarias, el Gobierno finalmente abrió la billetera. Pero el festejo tiene gusto a poco. El propio sistema universitario reconoce que la mejora salarial apenas tapa una parte del agujero generado por la inflación y los recortes.
La foto política muestra una tregua, no una solución. Mientras el Ejecutivo exhibe el acuerdo como un gesto de diálogo, rectores, docentes y estudiantes siguen mirando de reojo los números reales. Porque cuando los salarios pierden poder de compra y las becas quedan congeladas, la universidad pública termina financiándose con sacrificio.
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