Tenía pedido de captura por robo, escapó por los techos y terminó detenido tras una persecución policial.
Lo que parecía una nueva maniobra de escape terminó de la peor manera para un hombre que ya era buscado por la Justicia. Con un pedido de captura vigente por una causa vinculada a un robo, el sospechoso intentó evitar su detención emprendiendo una fuga tan desesperada como cinematográfica: saltó tapiales, corrió por los techos de varias viviendas y obligó a desplegar un operativo policial en plena zona urbana.
La secuencia mantuvo en alerta a vecinos y efectivos durante varios minutos. Sin embargo, el recorrido del prófugo tuvo un final previsible. Tras ser localizado por los uniformados, fue reducido y trasladado a una dependencia policial, donde quedó a disposición de la Justicia para responder tanto por la causa que originó el pedido de captura como por los hechos ocurridos durante la persecución.
Fuentes vinculadas a la investigación indicaron que el hombre ya era intensamente buscado y que su presencia en el lugar activó el procedimiento. Cuando advirtió la llegada policial, eligió escapar antes que entregarse, aunque la estrategia duró poco.
La detención permitió finalmente poner fin a la búsqueda y reactivar el avance de la causa judicial pendiente.
Cada vez que aparece un pedido de captura vigente surge la misma pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo estuvo circulando libremente alguien que ya debía estar a disposición de la Justicia? La escena de un delincuente corriendo por techos parece salida de una película barata, pero detrás del espectáculo existe una falla mucho más seria.
Mientras los vecinos observan persecuciones y operativos, el debate sigue siendo el mismo: la distancia entre las resoluciones judiciales y la capacidad real para hacerlas cumplir. Esta vez terminó detenido. La próxima, nadie lo garantiza.
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