Bajan los robos en La Pampa, pero aumentan los abusos sexuales y las violaciones. El nuevo mapa del delito preocupa.
Los delitos contra la propiedad registraron una baja durante 2025 en La Pampa, aunque el alivio que podría generar ese dato queda opacado por otro indicador mucho más inquietante: el crecimiento de los delitos sexuales. Así lo reflejan las estadísticas oficiales difundidas recientemente por organismos provinciales.
Mientras los robos, hurtos y tentativas mostraron una reducción respecto del año anterior, las denuncias vinculadas a abusos sexuales avanzaron con fuerza. Entre los casos más preocupantes aparecen las violaciones consumadas y las tentativas de abuso, que exhibieron incrementos significativos en comparación con 2024.
Los números revelan un cambio en la composición del delito. La inseguridad ya no puede medirse únicamente por la cantidad de robos en la vía pública o hechos contra la propiedad privada. Los delitos que afectan la integridad física y psicológica de las víctimas ganan protagonismo y exigen respuestas específicas por parte del Estado.
El informe también detectó un crecimiento de los delitos sexuales cometidos a través de medios digitales, una modalidad que se expande al ritmo del uso de redes sociales y plataformas de comunicación. Este fenómeno plantea nuevos desafíos para la prevención, la investigación y la protección de menores y personas vulnerables.
Pese a la baja en determinados indicadores tradicionales, las cifras muestran que el problema de la seguridad sigue presente, aunque con características distintas a las que dominaban años atrás.
Durante años la discusión pública sobre la inseguridad giró alrededor de robos, entraderas y delitos callejeros. Pero las estadísticas pampeanas muestran que el delito cambia de rostro mientras la política sigue mirando por el espejo retrovisor.
Celebrar la baja de los robos es correcto. Ignorar el avance de los abusos sexuales sería una irresponsabilidad. Cuando las agresiones contra la integridad de las personas crecen a este ritmo, las alarmas deberían sonar más fuerte que cualquier discurso triunfalista.
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