La inflación fue del 2,1% en mayo y acumula 33,2% anual. El Gobierno celebra el dato, pero el bolsillo aún espera alivio.
La inflación de mayo registró una suba del 2,1%, según los datos difundidos por el INDEC. El número representa una desaceleración respecto de abril y se convirtió en el índice mensual más bajo desde septiembre del año pasado. En lo que va de 2026, los precios acumulan un incremento del 14,7%, mientras que la variación interanual alcanza el 33,2%.
El Gobierno celebró el dato como una señal de consolidación de su programa económico. Sin embargo, detrás de la estadística persiste una realidad que millones de argentinos conocen de memoria: los salarios continúan corriendo detrás de los aumentos y cada visita al supermercado sigue siendo una prueba de resistencia para el bolsillo.
Entre los rubros que más presionaron sobre el índice se destacaron comunicación, alimentos y educación. Aunque la velocidad de los aumentos se redujo, el costo de vida continúa acumulando impacto sobre familias, jubilados y trabajadores que todavía esperan una recuperación real de su poder adquisitivo.
El Gobierno festeja el 2,1% como si hubiera ganado una final del mundo económica. Y es cierto: después de años de inflación descontrolada, cualquier baja merece atención. Pero la política tiene una costumbre peligrosa: confundir desaceleración con solución.
Que los precios aumenten más lento no significa que hayan dejado de aumentar. El changuito sigue pesando, las tarifas siguen llegando y los ingresos todavía buscan alcanzarlos. La inflación baja; el desafío ahora es que la sensación de alivio también llegue a la mesa de los argentinos.
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