Altolaguirre cuestionó el loteo sobre el acuífero y advirtió sobre los riesgos ambientales para Santa Rosa.
La discusión por el proyecto de urbanización impulsado en terrenos ubicados sobre la zona de recarga del acuífero Santa Rosa-Anguil sumó una nueva voz de peso. El exintendente y geólogo Leandro Altolaguirre rechazó la iniciativa y advirtió que avanzar con loteos en ese sector representa un riesgo ambiental que podría afectar uno de los recursos hídricos más estratégicos de la capital pampeana.
La controversia gira en torno a desarrollos inmobiliarios que buscan habilitar cientos de parcelas en áreas consideradas sensibles para la recarga natural del acuífero. Distintos informes técnicos y normativas provinciales vienen señalando desde hace años que cualquier urbanización en ese sector debe someterse a estrictos controles ambientales para evitar contaminación y deterioro de las reservas de agua subterránea.
Altolaguirre sostuvo que el debate no puede limitarse a la construcción de viviendas o al crecimiento urbano. Según planteó, se trata de decidir qué modelo de ciudad se pretende construir y cuál es el valor que la comunidad le asigna a la protección de un recurso esencial para las próximas generaciones.
La discusión también expone el interés de distintos sectores inmobiliarios sobre tierras que podrían multiplicar su valor si se modifican las restricciones vigentes. El tema ya había generado fuertes controversias años atrás y vuelve a instalar interrogantes sobre el equilibrio entre negocios privados y planificación ambiental.
Cada vez que aparece un proyecto inmobiliario sobre una zona protegida, la historia se repite: primero llegan las promesas de progreso, después los planos coloridos y finalmente la pregunta incómoda. ¿Quién se hace cargo si el daño ambiental resulta irreversible?
El agua no tiene reemplazo. Los loteos sí. Mientras algunos ven hectáreas listas para transformarse en negocios millonarios, otros recuerdan que debajo de esos terrenos se encuentra una reserva estratégica para miles de familias pampeanas. El desafío es simple de plantear, aunque difícil de resolver: cuando se enfrentan el negocio y el agua, la política debe decidir de qué lado está.
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