American Jet suspende los vuelos entre General Pico y Buenos Aires y la ciudad vuelve a quedar sin conexión aérea.
General Pico volverá a quedarse sin vuelos comerciales hacia Buenos Aires. La empresa American Jet confirmó que dejará de operar la ruta a partir del próximo 21 de mayo, apenas siete meses después del relanzamiento del servicio que había sido presentado como un símbolo de recuperación y conectividad para el norte pampeano.
La compañía informó a sus pasajeros que solamente realizará dos vuelos más antes de suspender la operación “hasta nuevo aviso”. Actualmente, la frecuencia ya había sido reducida a un único vuelo semanal, muy lejos de las cuatro frecuencias prometidas cuando el servicio comenzó a funcionar en octubre del año pasado.
Los vuelos partían desde el aeropuerto de San Fernando, en Buenos Aires, y conectaban con General Pico en poco más de una hora. Sin embargo, la baja demanda y el contexto económico terminaron golpeando de lleno a la operación comercial.
Empresarios, comerciantes y profesionales, que aparecían como los principales usuarios potenciales del servicio, no lograron sostener un volumen de pasajeros suficiente para garantizar la rentabilidad de la ruta aérea. A eso se sumó el aumento de costos operativos y del combustible, en un escenario económico cada vez más complicado.
La noticia representa un nuevo retroceso para una ciudad que durante años peleó por recuperar la conectividad aérea. El entusiasmo inicial rápidamente se transformó en incertidumbre y ahora, otra vez, General Pico queda afuera del mapa aerocomercial regular.
Otra promesa que aterrizó con bombos y terminó despegando en silencio. Lo que se presentó como una muestra de modernización y apertura terminó chocando contra la realidad económica: poca demanda, boletos caros y una conectividad pensada más para la foto política que para una necesidad concreta y sostenible.
Mientras los funcionarios celebraban “las bondades de la desregulación”, Pico volvió a comprobar que los anuncios grandilocuentes no siempre garantizan soluciones duraderas. Siete meses alcanzaron para pasar de la euforia al cierre. Y otra vez, los que pagan el costo del fracaso son los vecinos del interior.
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