El Gobierno eliminó subsidios para pasajes gratuitos de discapacidad y cáncer infantil. Empresas deberán absorber el costo.
El Gobierno de Javier Milei decidió eliminar el sistema de compensaciones económicas que el Estado nacional pagaba a las empresas de micros de larga distancia por los pasajes gratuitos destinados a personas con discapacidad, pacientes trasplantados y niños con cáncer. La medida fue oficializada mediante la Resolución 28/2026 de la Secretaría de Transporte.
Hasta ahora, el Estado cubría parte del costo de esos boletos que las compañías debían entregar obligatoriamente por ley. Con el nuevo esquema, las empresas seguirán obligadas a otorgar los pasajes, pero deberán hacerse cargo de la totalidad del gasto sin recibir compensaciones oficiales.
La administración libertaria justificó la decisión argumentando que el sistema nació en un contexto de “emergencia” y que perdió sentido luego de la desregulación del transporte de larga distancia impulsada por el Decreto 883/2024, que habilitó libertad tarifaria, recorridos y horarios para las compañías.
Según el Ejecutivo, las empresas ahora tienen margen suficiente para incorporar esos costos dentro de su estructura operativa. La resolución aclara que el derecho a viajar gratis para estos sectores vulnerables “permanece plenamente vigente y exigible” frente a los transportistas.
La medida alcanza a beneficiarios contemplados en las leyes de discapacidad, trasplantes y oncopediatría infantil. Además, la CNRT seguirá siendo el organismo encargado de controlar que las compañías efectivamente entreguen los pasajes gratuitos.
En la lógica del ajuste permanente, el Estado se corre una vez más de un área extremadamente sensible. El Gobierno insiste en que “el derecho sigue”, pero la pregunta es sencilla: ¿qué pasa cuando la obligación queda librada a empresas privadas que ahora deberán absorber costos sin compensaciones?
La motosierra no pasa por privilegios de la política sino, otra vez, por sectores vulnerables. Personas con discapacidad, chicos con cáncer y pacientes trasplantados quedan atrapados en la clásica promesa libertaria: “el mercado se va a acomodar solo”. Mientras tanto, los usuarios deberán rezar para que el boleto aparezca y que el ajuste no termine convirtiendo un derecho en una odisea burocrática.
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