Gobernadores negocian adelantar elecciones provinciales para despegarse de Milei y blindar sus territorios rumbo a 2027.
Mientras Javier Milei intenta sostener el control polÃtico en medio de una creciente tensión nacional, varios gobernadores comenzaron a mover fichas en silencio para despegar sus elecciones provinciales de la pelea presidencial de 2027. La estrategia ya tiene nombre en los pasillos polÃticos: “superdomingo electoral”.
La idea consiste en que distintas provincias voten el mismo dÃa, pero antes de las elecciones nacionales, para evitar que la polarización termine arrastrando a los oficialismos locales. Gobernadores del PRO, la UCR, Provincias Unidas e incluso sectores del peronismo dialoguista coinciden en algo: nadie quiere quedar atado al humor social que rodee a la Casa Rosada dentro de un año.
Detrás del operativo desdoblamiento hay una lectura polÃtica clara. En varias provincias consideran que La Libertad Avanza todavÃa no tiene estructura suficiente para sostener campañas competitivas simultáneas en siete u ocho distritos. Por eso, adelantar elecciones permitirÃa a los gobernadores defender sus territorios mientras obligan al oficialismo nacional a dividir recursos, dirigentes y estrategia.
Entre los nombres que ya aparecen en las conversaciones están Axel Kicillof en Buenos Aires, Jorge Macri en CABA, MartÃn Llaryora en Córdoba, Maximiliano Pullaro en Santa Fe y Alfredo Cornejo en Mendoza. Algunos lo hacen para protegerse del desgaste libertario y otros, paradójicamente, creen que un triunfo provincial temprano podrÃa incluso favorecer al Gobierno nacional.
En paralelo, la Casa Rosada sigue presionando para evitar el adelantamiento de elecciones. El temor libertario es perder el efecto arrastre presidencial y quedar expuestos en provincias donde todavÃa no lograron consolidar candidatos competitivos ni estructura territorial propia.
La polÃtica argentina tiene una regla no escrita: cuando los gobernadores empiezan a despegarse del poder central, es porque el termómetro del clima social ya cambió. Nadie se quiere hundir abrazado al Titanic.
El problema para Milei no es solamente electoral. Es simbólico. Si las provincias empiezan a votar antes y el oficialismo pierde terreno, el relato de invencibilidad libertaria puede empezar a agrietarse mucho antes de la presidencial. Y en polÃtica, cuando aparece olor a debilidad, los aliados duran menos que un subsidio en motosierra.
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