Luciano Di Nápoli ya recorre La Pampa como candidato y tensiona la interna del PJ con un mensaje directo al vernismo.
El intendente de Santa Rosa, Luciano Di Napoli, comenzó a recorrer distintas localidades pampeanas con un objetivo cada vez menos disimulado: posicionarse como candidato a gobernador del peronismo para 2027. La movida, que ya incluyó reuniones políticas en una decena de pueblos, encendió alarmas tanto en Casa de Gobierno como en el entorno del exgobernador
La frase que más ruido hizo fue tan breve como filosa: “Jugamos con o sin Verna”. Según trascendió, el mensaje fue transmitido durante encuentros políticos en el interior provincial y cayó como una bomba dentro del peronismo pampeano. La lectura interna es clara: Di Nápoli ya no quiere esperar bendiciones ni padrinazgos para disputar el liderazgo del PJ.
En paralelo, el jefe comunal empezó a levantar fuerte el perfil público. En las últimas horas salió a cuestionar el recorte nacional al subsidio del gas y apuntó contra dirigentes libertarios que acompañan la medida. El movimiento no parece casual: busca instalarse como una voz opositora firme frente al ajuste de Javier Milei mientras consolida volumen político propio dentro del peronismo provincial.
Pero el escenario interno está lejos de ser cómodo. El acercamiento entre Sergio Ziliotto y Verna empezó a reducir el margen para aventuras individuales. A eso se suma otro foco de conflicto: el proyecto urbanístico impulsado por el municipio capitalino sobre una zona sensible del acuífero Santa Rosa–Anguil, que generó resistencias del vernismo, sectores ambientales y la oposición.
En el PJ pampeano todos hablan de unidad, pero hace rato que empezaron los movimientos de piezas. Y cuando los dirigentes empiezan a recorrer pueblos antes de tiempo, es porque la campaña ya arrancó aunque nadie quiera admitirlo en voz alta.
En La Pampa nadie se jubila políticamente: algunos se retiran… pero siguen manejando el GPS del poder desde las sombras. Por eso la frase “con o sin Verna” no fue una declaración más. Fue un desafío directo al sistema de conducción histórica del peronismo pampeano.
Di Nápoli entendió algo básico: si espera el permiso del aparato, llega tarde. Entonces salió a caminar la provincia mientras otros todavía siguen reunidos midiendo humores internos. El problema es que el PJ pampeano suele castigar rápido a quienes intentan crecer demasiado solos.
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