Padre e hijo fueron condenados en General Pico por una millonaria estafa con cheques sin fondos a empresas ganaderas.
La Justicia pampeana condenó a prisión efectiva a AnÃbal Antonio Alberto, de 70 años, y a su hijo Andrés AnÃbal Alberto, de 46, por una serie de estafas reiteradas cometidas contra firmas ganaderas y empresas de transporte vinculadas al negocio rural.
El fallo fue dictado por el juez Federico Pellegrino, quien consideró probado que ambos empresarios realizaron compras millonarias de hacienda utilizando cheques electrónicos y fÃsicos que sabÃan de antemano que no podÃan cubrir. Según la investigación judicial, los acusados operaban a través de la firma Panema S.A., radicada en Justiniano Posse, Córdoba.
La maniobra incluyó la adquisición de cientos de vacunos en distintas ferias ganaderas durante los primeros meses de 2021. Una de las empresas damnificadas sufrió pérdidas cercanas a los 6 millones de pesos por la venta de 195 animales, mientras otra denunció un perjuicio superior a los 10 millones tras entregar 475 cabezas de ganado.
La estafa también alcanzó a transportistas rurales que prestaron servicios de traslado de hacienda y jamás cobraron los viajes. Los montos adeudados superaron los 700 mil pesos en uno de los casos investigados.
Durante el juicio oral, la FiscalÃa sostuvo que los imputados continuaron comprando animales aun cuando la empresa acumulaba graves problemas financieros y miles de cheques rechazados. Para la acusación, hubo un claro abuso de confianza y una planificación deliberada destinada a vaciar la firma antes de presentarse en concurso preventivo.
El juez entendió que el hijo tenÃa un rol central en las operaciones comerciales y en la emisión de los pagos fraudulentos, motivo por el cual recibió una pena mayor: tres años y seis meses de prisión efectiva. El padre fue condenado a tres años de cárcel de cumplimiento efectivo.
Durante años, el verso empresarial de “seguir apostando a la producción” funcionó como escudo para justificar maniobras cada vez más oscuras. Pero cuando aparecen cheques sin fondos, hacienda desaparecida y empresas vaciadas, el relato del emprendedor sacrificado se transforma rápidamente en expediente judicial.
La causa deja además una postal repetida en Argentina: pequeños y medianos actores del circuito productivo absorbiendo pérdidas gigantes mientras los responsables intentan esconderse detrás de concursos preventivos y sociedades anónimas. Esta vez, al menos, hubo condena efectiva. Algo poco frecuente en un paÃs donde muchas veces el delito económico termina siendo más rentable que trabajar.
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