Nación no transferirá rutas a La Pampa y crece la tensión por el abandono vial y la falta de obras.
El jefe de Gabinete dejó en claro que el Gobierno nacional no tiene previsto transferir rutas nacionales a La Pampa, una definición que cayó como baldazo de agua fría en medio de un escenario crítico para la infraestructura vial.
La postura oficial llega en un contexto donde distintas provincias comenzaron a asumir o negociar la administración de corredores viales, incluso bajo esquemas de concesión o peaje. Sin embargo, La Pampa quedó afuera de esa lógica, sin obras nuevas y con una red que muestra signos evidentes de deterioro.
El conflicto no es menor: informes recientes advierten que una parte significativa de las rutas nacionales presenta un estado preocupante, con impacto directo en la seguridad y en la economía regional.
Mientras tanto, desde la provincia vienen reclamando mayor inversión o, al menos, un esquema que permita intervenir sobre los tramos más críticos. La negativa de Nación no solo frena esa posibilidad, sino que vuelve a tensar la relación política en plena discusión por los recursos y la obra pública.
La decisión no es técnica: es política. En un país donde las rutas se rompen más rápido que las promesas, negarse a transferirlas sin ofrecer alternativas es, en los hechos, condenarlas al abandono.
El Gobierno predica eficiencia, pero deja kilómetros de asfalto librados a la suerte. Y en el interior productivo, esa “motosierra” no corta privilegios: corta caminos.
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