Fuerte reacción en La Pampa: acusan a diputados de “traición” tras votar la reforma de la Ley de Glaciares.
La aprobación de las modificaciones a la Ley de Glaciares en el Congreso no solo reconfiguró el mapa ambiental del país: también dejó al descubierto una grieta política profunda y, para muchos, un acto directo de traición. La iniciativa, que flexibiliza la protección sobre zonas clave para el agua dulce, avanzó bajo el argumento del desarrollo minero, pero encendió alarmas en provincias que dependen de esos recursos para sobrevivir.
En Córdoba, la votación mostró una postal conocida: dirigentes jugando a dos puntas, divididos entre acompañar al poder central o sostener un discurso ambientalista. Sin una posición clara, los diputados cordobeses volvieron a confirmar que la coherencia es un bien escaso cuando hay intereses en juego.
Pero donde el impacto fue más crudo fue en La Pampa. Allí, el ministro de Conectividad y Modernización, Antonio Curciarello, salió con los tapones de punta y no se guardó nada: “Hoy es un día triste”, disparó, recordando que la provincia conoce de sobra lo que significa la falta de agua. No es un concepto abstracto: es desolación, improductividad y ruptura social.
El funcionario apuntó directamente contra los diputados nacionales Martín Ardohain y Adrián Ravier, quienes votaron a favor de la reforma. Los acusó de “traicionar al pueblo de La Pampa” al respaldar una medida que pone en riesgo el caudal del río Colorado, fuente vital para la producción y el consumo humano en la provincia.
La ecuación es simple y brutal: menos protección a los glaciares implica menos garantías sobre el agua que alimenta a regiones enteras. Y en provincias como La Pampa, donde cada gota cuenta, la decisión no es técnica ni ideológica: es existencial.
Cuando los representantes votan contra los intereses básicos de quienes los eligieron, la palabra traición deja de ser exagerada y pasa a ser descriptiva. No hay eufemismos posibles: en temas como el agua, no hay margen para especulaciones políticas ni obediencias partidarias.
El caso de Ardohain y Ravier es paradigmático. No solo acompañaron una ley cuestionada ambientalmente, sino que lo hicieron en contra de una provincia que depende directamente de los glaciares para vivir. Es difícil encontrar una contradicción más explícita entre representación y realidad.
Mientras tanto, en Córdoba, la tibieza también es una forma de complicidad. Dividirse ante un tema crítico no es pluralidad: es falta de coraje político. Porque cuando todo está en juego, no decidir también es decidir.
Fuente: Perfil
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