Detectaron y frenaron el desvío ilegal de un afluente del río Colorado tras una denuncia por uso de maquinaria pesada.
El Departamento General de Irrigación de Mendoza intervino luego de una denuncia por el desvío irregular de un río afluente del Colorado. La maniobra fue descubierta en una zona rural, donde un privado habría modificado el cauce natural utilizando maquinaria pesada.
Según trascendió, el objetivo habría sido permitir el cruce de animales, alterando el recorrido del agua sin autorización oficial. Tras constatar la situación, las autoridades ordenaron frenar de inmediato los trabajos y avanzar con actuaciones administrativas para determinar responsabilidades.
El hecho vuelve a poner en agenda la fragilidad de los recursos hídricos en una región donde cada gota cuenta. El río Colorado abastece a distintas provincias y cualquier alteración en sus afluentes impacta en un sistema ya tensionado por sequía, disputas políticas y uso intensivo del agua.
La escena se repite demasiado seguido: alguien cree que un río es una zanja privada y lo acomoda según su conveniencia. Mientras a la sociedad se le exige cuidar el agua, algunos avanzan con topadoras como si el ambiente fuera un terreno propio.
Cuando el Estado llega tarde, el daño ya empezó. Y cuando llega a tiempo, como en este caso, queda al descubierto una pregunta incómoda: ¿cuántas maniobras similares nunca se detectan?
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