Vecinos de Santa Rosa denuncian inundaciones crónicas en un barrio donde cada lluvia convierte la calle en una laguna. Apuntan a obras mal ejecutadas
Santa Rosa, La Pampa – Cada quince días, los vecinos de la calle Blanco Encalada sienten que viven sumergidos en una laguna improvisada. Lo que debería ser una calle es, después de cada lluvia, un espejo de agua que convierte el tránsito en misión imposible y las casas en presas de filtraciones constantes.
Según relatan, la obra de entubado que prometía resolver los desbordes fue un fiasco. Las cisternas se vacían de manera irregular, el agua no corre, y la ciudad queda al borde del caos. “Parecemos renacuajos”, se quejan los habitantes, señalando que la negligencia no es eventual, sino crónica.
Los vecinos advierten que esta situación no es casualidad: falta planificación, negligencia municipal y desidia administrativa. Organizaciones barriales exigen soluciones estructurales inmediatas: reparación de cisternas, drenaje funcional y entubado que realmente funcione. Mientras tanto, la laguna urbana sigue creciendo y las autoridades sólo sacan fotos para la prensa oficial.
La historia de Blanco Encalada es un espejo de lo que ocurre en otras calles de La Pampa: infraestructura que no resiste la lluvia y funcionarios que no resisten la crítica. La pregunta queda flotando en el aire: ¿Cuánto más tendrán que sufrir los vecinos antes de que alguien asuma responsabilidad?
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