El Gobierno vende 11 hectáreas ferroviarias en Lonquimay y crecen las críticas por el abandono del sistema de trenes.
El Gobierno nacional puso en marcha la venta de unas 11 hectáreas pertenecientes al predio ferroviario de la estación Lonquimay, en el departamento Catriló. Se trata de unos 115 mil metros cuadrados que fueron desafectados del uso ferroviario y ahora pasan al mercado inmobiliario.
El dato no es menor: gran parte de esas tierras ya están ocupadas por empresas agroindustriales que las explotan mediante alquileres, entre ellas acopiadoras de peso en la región. Todo indica que, como ocurrió en casos anteriores, los actuales ocupantes terminarán quedándose con los terrenos.
El predio forma parte de la estación Lonquimay, que dejó de prestar servicios de pasajeros hace aproximadamente una década, tras el cierre de ramales ferroviarios en el país. Desde entonces, quedó bajo concesión de cargas y con uso logístico vinculado al sector agropecuario.
La medida se inscribe en una política más amplia de venta de tierras ferroviarias que ya tuvo antecedentes en La Pampa y otras provincias, incluyendo predios en zonas estratégicas con alto valor inmobiliario.
A diferencia de etapas anteriores, en las que estas operaciones se vinculaban a obras de infraestructura o proyectos urbanos, actualmente no existe obligación de reinvertir lo recaudado en el sistema ferroviario. El destino de los fondos pasa directamente al Tesoro.
El Estado que debería sostener el tren, vendiendo sus pedazos como si fueran sobrantes de feria. Mientras los pueblos pierden conectividad, aparecen oportunidades inmobiliarias demasiado convenientes para pocos y demasiado costosas para muchos.
El discurso de la eficiencia choca con una realidad incómoda: se desarma infraestructura estratégica sin un plan de reconstrucción. La pregunta ya no es si se venden tierras, sino qué país queda después de venderlas.
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