Condenaron a un policía en Castex por torturar a un detenido dentro de la comisaría. El caso expone abuso de poder.
Un escándalo sacude a Eduardo Castex: la Justicia condenó a un policía por torturar a un detenido dentro de la comisaría local. El hecho ocurrió en enero de 2024, pero recién ahora tuvo sentencia, confirmando un episodio que desnuda prácticas tan viejas como peligrosas dentro de las fuerzas de seguridad.
Según se acreditó en el juicio, el efectivo retiró al detenido de su celda y lo llevó a un sector sin cámaras, donde lo golpeó, lo insultó y lo obligó a arrodillarse mientras le apoyaba el arma en la cabeza. La escena, breve pero brutal, dejó secuelas físicas comprobadas por un informe médico y fue parcialmente respaldada por registros de video que mostraron el antes y después de la agresión.
El detenido no era cualquier persona: había sido arrestado por un episodio previo con armas de fuego, incluso vinculado a un conflicto familiar del propio policía. Ese dato no pasó desapercibido para la Justicia, que consideró que el agente actuó con un posible móvil personal, cruzando una línea que ningún uniforme debería cruzar.
El tribunal lo condenó a un año y seis meses de prisión en suspenso y a la inhabilitación para ejercer funciones policiales. La calificación incluyó vejaciones agravadas y lesiones leves, delitos que apuntan directamente al abuso de autoridad y a la violencia institucional.
El caso no sorprende: lo que indigna es que todavía sorprenda. Porque cada tanto aparece una historia similar, con el mismo patrón: un “punto ciego”, un detenido vulnerable y un uniforme que se cree juez, jurado y verdugo.
La condena llega, sí, pero liviana. Condicional. Sin cárcel efectiva. Como si la violencia institucional tuviera descuento por portación de placa. Mientras tanto, la confianza social en las fuerzas sigue erosionándose a fuerza de episodios como este.
La pregunta es incómoda pero necesaria: ¿cuántos casos no se ven, no se filman y no llegan a juicio?
Fuente: InfoPico
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