El Gobierno y la Mesa Intersindical firmaron el acuerdo salarial. Hubo fumata blanca en la paritaria provincial, pero el bolsillo sigue ajustado.
En un encuentro que marcó el cierre de una etapa de tensiones, el Poder Ejecutivo de La Pampa y los representantes de la Mesa Intersindical estamparon la firma en el nuevo acuerdo paritario. El pacto establece una actualización salarial que busca, en los papeles, mitigar el impacto de la escalada de precios que no da respiro a los bolsillos en Santa Rosa y General Pico. Con la premisa de "mantener el poder adquisitivo", el oficialismo logró desactivar posibles medidas de fuerza que amenazaban con enturbiar el clima social de la provincia.
La negociación no fue sencilla. Entre planillas de recursos coparticipables y el reclamo persistente de los gremios por una cláusula gatillo más agresiva, el acuerdo final se presenta como el "máximo esfuerzo posible" desde la óptica oficial. Sin embargo, en las bases trabajadoras queda flotando la sensación de que estos parches mensuales apenas sirven para no hundirse, mientras el costo de vida real sigue escalando por el ascensor y los salarios por la escalera.
Ya sabemos cómo se cocina este guiso. Se sientan, discuten porcentajes que parecen grandes en los tÃtulos pero que desaparecen cuando llegás a la caja del súper, y después se sacan la foto de la "paz social". Al Gobierno le cierra porque sigue manejando la billetera a cuentagotas, y a los gremios les sirve para decir que algo consiguieron. Pero la realidad es que el empleado público pampeano sigue siendo el amortiguador de una crisis que ellos no generaron. Festejan el acuerdo como si fuera una victoria, pero es apenas un respirador artificial para sueldos que ya están en terapia intensiva. Menos aplausos por "cumplir con la paritaria" y más honestidad sobre cuánto ha perdido el laburante frente al costo de la luz y la comida en nuestra provincia.
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