El juez Mauricio Mendiara confirmó que no renunciará y enfrentará el Jury de Enjuiciamiento en su contra. Tensión en la justicia de La Pampa.
Mauricio Mendiara ha decidido jugar a todo o nada. El juez de Familia, Niños, Niñas y Adolescentes de Santa Rosa rompió el silencio para confirmar que enfrentará el Jury de Enjuiciamiento en su contra, descartando de plano la renuncia. Con el peso de las denuncias por presunto mal desempeño sobre sus hombros, el magistrado apuesta a su defensa técnica para conservar el sillón, en un proceso que promete ser uno de los más calientes del año en el Poder Judicial pampeano.
La decisión de Mendiara de no dimitir obliga al cuerpo del Jury a avanzar hasta las últimas consecuencias. Mientras los pasillos de la Ciudad Judicial hierven con rumores sobre las pruebas y testimonios que se ventilarán, el juez se muestra firme, intentando despegar su imagen de las acusaciones que cuestionan su idoneidad y su manejo en causas sensibles. Para el oficialismo judicial, es un caso testigo; para los vecinos de a pie, es otra muestra de cómo los que deben impartir justicia terminan siendo protagonistas de los escándalos que deberían resolver.
Cuando las papas queman, los jueces se atornillan al escritorio. Mendiara dice que no renuncia porque quiere "defenderse", pero en realidad parece que lo que defiende es el privilegio de una casta judicial que rara vez rinde cuentas ante el ciudadano común. En una provincia donde la justicia de familia suele ser un laberinto de burocracia y dolor para los más vulnerables, ver a un juez más preocupado por su propia supervivencia que por la ética del cargo es, cuanto menos, indignante. ¿Busca justicia o busca ganar tiempo? El Jury tiene la oportunidad de demostrar que la balanza no siempre está trucada a favor de los que visten de negro. Menos soberbia de despacho y más explicaciones reales para una sociedad que ya no cree en los finales felices de la Ciudad Judicial.
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