En un país donde la discrecionalidad ya no se disimula sino que se administra con planilla de Excel, el Gobierno nacional distribuyó $47.0...
En un país donde la discrecionalidad ya no se disimula sino que se administra con planilla de Excel, el Gobierno nacional distribuyó $47.000 millones en Aportes del Tesoro Nacional (ATN) entre 11 provincias… todas con algo en común: buena sintonía política con la gestión de turno.
El operativo fue rápido, quirúrgico y, sobre todo, selectivo: en apenas dos días —19 y 20 de marzo— salieron los giros desde Nación hacia distritos que vienen acompañando al oficialismo en el Congreso o mantienen una relación “amigable” con la Casa Rosada.
El podio no sorprende: Corrientes encabezó el ranking con $8.000 millones, seguida por Mendoza con $7.000 millones y Entre Ríos con $6.000 millones. Más atrás quedaron Misiones, San Juan, Chaco, Salta, Catamarca, Chubut, Jujuy y Neuquén.
¿Y La Pampa? Bien, gracias.
Ni un peso. Ni un guiño. Ni siquiera el vuelto del café.
La lógica no es nueva, pero sí cada vez más explícita: los ATN son fondos discrecionales —es decir, no automáticos— que el Gobierno puede repartir según su criterio político. Y en este caso, el criterio parece haber sido bastante claro: premio para los aliados, sequía para los que no entran en la foto.
La jugada, además, llega en un contexto donde las provincias necesitan caja para sostener salarios y servicios básicos, con caída de la coparticipación y economías regionales golpeadas. Pero aun así, la billetera se abre… selectivamente.
Porque en la Argentina del ajuste, el problema no es la falta de plata. Es para quién hay.
Otra vez la misma película: Nación reparte, pero no distribuye. La diferencia no es semántica, es política.
Mientras el discurso oficial habla de eficiencia y recorte, los números muestran otra cosa: recursos que aparecen cuando hay gobernadores que votan bien.
La Pampa, que históricamente mantiene una postura más autónoma, vuelve a pagar el precio de no alinearse. Y la pregunta incómoda es inevitable: ¿los fondos públicos son herramientas de gestión o premios por obediencia?
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