Escándalo en Anguil por un allanamiento policial plagado de irregularidades. Denuncian atropello a la propiedad privada. La mirada ácida de Crónicas.
El límite entre la seguridad y el autoritarismo volvió a borronearse en la localidad de Anguil. Un operativo policial realizado en un establecimiento rural terminó convirtiéndose en el epicentro de una fuerte polémica que salpica a la cúpula policial pampeana. Lo que debía ser un procedimiento de rutina, bajo el amparo de la ley, terminó —según denuncian los propietarios— en una entrada forzada con más dudas que certezas legales.
Los testimonios recogidos apuntan a una alarmante desprolijidad en las formas. En La Pampa, donde el campo es el motor y la propiedad privada un derecho básico, que los uniformados decidan obviar los protocolos de transparencia genera un ruido que llega hasta los despachos de Santa Rosa. Los afectados denuncian no solo la falta de una orden clara en el momento del ingreso, sino también un trato que dista mucho de la profesionalidad que se le exige a una fuerza que debe cuidar al vecino, no invadirlo.
Algunos "jefecitos" se confunden el uniforme con un traje de superhéroe con impunidad garantizada. Lo de Anguil no es un error administrativo; es ese tufillo a autoritarismo que todavía sobrevive en algunas comisarías de pueblo donde creen que la ley es lo que ellos dicen que es. ¿Quién controla a los que nos controlan?
Entrar a un campo sin las formas claras es, lisa y llanamente, patoterismo con chapa. Al poder le encanta hablar de "seguridad", pero cuando la policía se maneja como si estuviéramos en el lejano oeste, el ciudadano queda a la intemperie. No nos vengan con el verso de la "lucha contra el delito" si para hacerlo tienen que pisotear la Constitución.
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