No es crisis: es modelo. La apertura importadora, el ajuste salarial y la desprotección del trabajo nacional no son errores, son decisiones. El result
La motosierra no se detiene y ahora vuelve a caer sobre la industria alimenticia. Tras tres meses de suspensiones que alcanzaron a los 600 operarios de la planta de Victoria, Georgalos activó una nueva tanda: 20 trabajadores suspendidos y un recorte salarial del 20%.
El caso Georgalos no es aislado. La apertura sin freno está barriendo a la industria nacional: cerró la histórica fábrica de alfajores La Paila en Córdoba, una empresa de golosinas debió vender su planta tras lanzar los caramelos “No hay plata”, y la cervecera Corona redujo drásticamente su personal. En otros rubros, Pauny, Metalfor y Fate muestran que el derrumbe es generalizado.
Mientras el gobierno promete inflación a la baja, las fábricas cierran, los salarios se achican y el trabajo desaparece.

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