Caputo redireccionó un préstamo de US$400 millones del BID destinado a trenes para fortalecer las finanzas públicas y contener el dólar.
El Gobierno nacional destinó a sostener el frente cambiario fondos que habían sido otorgados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para un objetivo muy diferente: financiar la modernización integral de la línea ferroviaria San Martín.
Según informó La Arena, se trata de un préstamo de US$400 millones que terminó redireccionado para fortalecer las finanzas públicas y la balanza de pagos, en lugar de avanzar sobre las obras ferroviarias previstas.
La maniobra vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando un crédito conseguido para mejorar la infraestructura termina funcionando como combustible para contener el precio del dólar?
El caso expone además las prioridades de la política económica del Gobierno de Javier Milei y Luis Caputo, en un contexto donde la administración nacional busca sostener la estabilidad cambiaria y, al mismo tiempo, administrar recursos externos destinados originalmente a proyectos específicos.
El dato tiene una ironía difícil de disimular: un préstamo pensado para que los trenes avancen terminó ayudando a que avance otra cosa, el intento oficial de mantener quieto al dólar. El ferrocarril puede esperar; el mercado, aparentemente, no.
Cuando el dinero tiene un destino concreto y termina utilizado para otra finalidad, la discusión no debería reducirse a una cuestión contable. También obliga a preguntar qué obras se postergan, qué compromisos quedan pendientes y quién termina pagando el costo de esas decisiones.
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